El sábado llegué a la oficina sobre las nueve de la mañana, para adelantar algunas cosas de la semana que entra. Necesitaba preparar los portafolios de la reunión del Lunes en la mañana… Armar los paquetes para los inversionistas.. en fin tenía mi escritorio lleno de papeles…

Adelanté mucho trabajo represado durante dos horas, cuando sentí que el ascensor llegó al piso.

Miré de reojo a ver quién llegaba, sospeche que tal vez, la aseadora tendría que brillar el piso, aprovechando que el ruido no molestaba a nadie, porque la oficina no abría los sábados.

Y ahí estaba EL... Me asusté mucho, me puse muy nerviosa, pero sonreí.

Era la primera vez que estábamos solos en la oficina.

Hacía mediodía, entré a su despacho a despedirme.

Ya se imaginarán cuánto tiempo duré despidiéndome y de qué forma.