Hubiera dado lo que fuera por ver su cara al abrir el sobre en el buzón del correo; verlo abrir aquel sobre verde, sin remitente, liviano, oliendo a mi... me habría gustado saber qué gesto hizo al conocer su contenido, qué habrá hecho con su regalo?

La noche del miércoles, caminé bajo la lluvia, con mucho frío, hasta su casa, con el sobre en mis manos, me senté en el andén a mirar la fachada de la entrada, pensando, temblando de frio y emoción, con el corazón a mil, sabiéndo que estaba a pocos metros de mi.  Estuve quizás una hora ahí sentada, dudando si lo hacía o no, sin embargo, me armé de valor y deposité el sobre en el buzón café de la entrada.  Ahí dejé mi regalo de aniversario, a pesar de ya no estar juntos.

Ese miércoles, antes de salir a su casa, luego de darme una ducha con agua tibia, me recosté desnuda en mi cama y los recuerdos me llevaron a muchas de las noches y amaneceres juntos; a la noche en que bailamos descalzos en la playa y terminamos teniendo sexo bajo la luna; a aquel día en el que íbamos casi solos en el metro y se me antojó arrodillarme para chupárselo; a ese día en que celebrabamos algo junto con algunos amigos y estábamos muy calientes, pero con la mirada nos dijimos ¡huyamos de aquí para estar solos!

Ese miércoles, tendida en mi cama, desnuda, y caliente por los recuerdos, me puse los panties y comencé a tocarme, pensándo en su mirada, recordándo sus palabras, reviviendo  todas las locuras que hicimos... añorando sus gemidos, su lengua, su boca, sus manos maravillosas, sus palabras perfectas en el momento justo, sus abrazos, sus lamidas, su sexo, su olor...

Y sucedió...me excité como siempre y como nunca... ese era mi regalo, empacarle mi olor y mi sabor en un sobre, para siempre.

Por si te quedan dudas...Si, eran míos los panties que te dejé en el buzón café.